Actuar en la vida diaria y vivir naturalmente en el escenario

18/Sep/2014

El País, CARLOS REYES

Actuar en la vida diaria y vivir naturalmente en el escenario

Su debut teatral, hacia
1944, con La anunciación a María, merece ser explicado con algo de detalle.
Louis Jouvet, huyendo de la II Guerra Mundial, realiza una larga gira por
América Latina, despertando el fervor de muchos jóvenes dispuestos a hacer buen
teatro. China fue una de ellos, y desde el grupo Ars Pulchra se puso bajo las
órdenes de Román Viñoly Barreto para dar vida al personaje de Violaine. La obra
se pudo ver en el Auditorio del Sodre y en alguna otra sala, presentándose
luego en Buenos Aires, en el Astral. Ya desde entonces, China llevó y trajo sus
éxitos de una orilla a la otra.
Y luego fue a más,
asumiendo desafíos mayores: al año siguiente protagonizó y dirigió nada menos
que La zapatera prodigiosa, de García Lorca, con el mismo grupo de actores. No
tardó en llegar su beca del Consejo Británico, que dio origen a decenas de
anécdotas, que ella contaba con gracia sin igual, describiendo los días de la
posguerra londinense.
En 1948, ya de vuelta en
Montevideo, se suma a la Comedia Nacional, que había sido fundada un año antes.
La actriz siempre valoró ese pasaje por el elenco oficial uruguayo, tanto por
su estrecha relación con Xirgu («el decir del texto de Margarita Xirgu era
absolutamente sublime», recordará años después), como por la cantidad de
textos y autores que transitó. Eran estrenos muy próximos unos a otros, y eso
fue todo un ejercicio de fajina teatral.
Sobre su capacidad de
trabajo hay mil testimonios, por más que muchos tengan de ella la idea de una
señora de vida cómoda. Laura Escalante, al dirigirla en Madre Coraje, de
Brecht, quedó asombrada al respecto. Y en sus memorias, Escalante cuenta que
China tenía la capacidad de dormirse en tramos cortos, diez, quince minutos,
hasta que la volvían a llamar para ensayar su parte. Así sobrellevaba las
largas jornadas de trabajo escénico.
Llega 1960, con la
fundación del Teatro de la Ciudad de Montevideo (TCM), cuando junto a Taco
Larreta y Enrique Guarnero escenificaron grandes títulos desde el desaparecido
Teatro Odeón. Al respecto, en un momento, ya en el siglo XXI, China comentó una
vez a El País: «El mejor homenaje que me podrían hacer en Uruguay es
recuperar el Odeón, donde tantas obras hicimos». Y después de transitar
por el elenco oficial y por el teatro independiente, llegó su etapa neoyorquina,
cuando junto a Carlos Perciavalle asombraron a un público muy exigente con una
insólita escenificación de Canciones para mirar, sobre la obra de María Elena
Walsh.
Cruce.
Los años difíciles,
cuando China fue perseguida por el gobierno dictatorial, tuvieron como
contrapartida una carrera en la otra orilla del Plata, donde la actriz fue por
unas semanas, según ella misma contaba, y se quedó por cuatro décadas. Hay que
reconocer que la intérprete y directora teatral encontró en Buenos Aires y su
gran mercado del espectáculo, un entorno mucho más afín a su desarrollo
actoral.
«Lo que pasa en
Argentina es muy distinto a lo que acontece en Uruguay. En Buenos Aires hice
por ocho años Emily. En Uruguay es muy difícil que una obra esté ocho años en
cartel, no da el público para tanto», reflexionó Zorrilla en 2008. Y de hecho,
en cierta ocasión El País le preguntó, no hace tantos años, si tenía algún café
favorito aquí en Montevideo, y ella contestó que no. «En un tiempo fue el
Tupí Nambá, pero ahora ya no: en Buenos Aires sí, el Edelweiss. Incluso, si no
llevo dinero encima, los mozos me prestan», comentó con su singular
soltura.
Los nexos artísticos de
la actriz con el cine, el teatro y la televisión argentinos fueron enormes,
aunque China nunca perdió de vista al público uruguayo, del que se despidió con
uno de sus caballitos de batalla, El diario privado de Adán y Eva, en 2008,
aunque luego hizo Las de enfrente, también en el Stella, en 2010, en la
modalidad de teatro leído.
En Buenos Aires China no
solamente hizo una gran carrera artística, sino que se convirtió en una figura
pública de primera magnitud, que era consultada por los asuntos más diversos.
Esa relación se remonta por lo menos a 1971, cuando fue convocada a la capital
argentina para actuar en la versión cinematográfica de Un guapo del 900, que
dirigió el chileno Lautaro Murúa. A partir de ahí participó en más de 50
películas dirigida por Leopoldo Torre Nilsson (La maffia), Luis Puenzo (La
peste), María Luisa Bemberg (Señora de nadie), Alejandro Doria (Darse cuenta).
Con este último director hizo Esperando la carroza, donde realizó uno de sus
papeles más recordados.
Curiosamente, Mario
Benedetti le escribió especialmente un breve papel para la versión
cinematográfica de su novela La tregua, que Sergio Renán dirigió en 1974, pero
los uruguayos tardaron en enterarse: para entonces China estaba en la lista
negra de la dictadura uruguaya, y su personaje fue eliminado en la copia del
film que se estrenó en Montevideo.
De esa extensa
filmografía, hay una película que China apreciaba particularmente: Elsa
Fred de Marcos Carnevale. En alguna entrevista periodística confesó: «Para
mí todas mis películas tienen algo especial, pero realizar Elsa & Fred fue
una responsabilidad muy grande, en un papel protagónico total. Es un canto a la
vida. Es el papel de mi vida. Es la historia de una pareja divina. Continúa
batiendo récords en cines de todo el mundo. Me paran por la calle y me dicen:
¡ah, usted es Elsa!».
Memoria.
Considerada una gran
comediante y actriz dramática (aunque no una gran actriz trágica, quizá por el
dibujo de su voz que solía imponer a sus personajes), la lista de títulos que
frecuentó fue amplia. Sin duda muchos uruguayos la recordarán en Emily, dado
que su presentación en Montevideo fue un hito en los años de la apertura
democrática. Otros espectadores preferirán recordar Había una vez…,
unipersonal en el que convertía su propia biografía (o su versión de ella), en
un cómico e inteligente monólogo. Jacobo Langsner fue uno de sus dramaturgos
uruguayos favoritos, y varias veces acudió a sus textos. Pero también se nutrió
y tradujo muchos autores, siendo una apasionada de Noel Coward. En sus últimas
entrevistas con El País, Zorrilla siempre comentaba que quería volver a poner
en escena una comedia en Montevideo, para hacer reír a los uruguayos, deseo que
no pudo concretar. Salvo eso, poco le quedó por hacer a China.